Ver la ciudad ahora, bajo una imagen actual no solo implica tener en cuenta los aspectos físicos o arquitectónicos, sino descifrar usos sociales, modalidades de expresión y rituales de interacción que le dan significado a la mentalidad de sus habitantes caracterizando la ciudad bajo formas específicas de relacionamiento de los sujetos con ellos mismos, entre sí, entre ellos y su entorno.
Cada vez se hace más difícil catalogar a sus habitantes como patojos, como payaneses, enmarcados en una tradición que Popayán se esfuerza por conservar pero que con el pasar del tiempo adquiere rasgos más globales, un habitante de la ciudad que practica este tipo de deportes, fácilmente puede ser confundido con el de otra ciudad, es catalogado como citadino, como deportista extremo, pero difícilmente como un payanés, identificable entre la multitud o en otro lugar, dista de ser un habitante de “la ciudad blanca”, de esos que realiza el recorrido por las iglesias en semana santa o que ocupa las bancas de los parques mientras espera el próximo cheque de su pensión.
Los ciudadanos hacen una imagen funcional de la ciudad ya sea como lugar de trabajo, de habitación o como un sistema de lugares en donde se pasa el tiempo libre de acuerdo a las necesidades y se dispone de sus espacios para satisfacerlas, tal como lo hacen los deportistas extremos, que transforman algunos espacios de la ciudad en epicentro de un conflicto entre la constitución y la apropiación de un espacio público.
Los deportistas extremos, como habitantes miran la ciudad con nuevos ojos, lo cual se observa en lo manifestado por Gustavo Erazo, practicante de tabla al referirse a un video nacional “aparecía una banca, aparecían unas gradas, aparecía un tubo, entonces ahí decía: esto no es una banca, esto no es un tubo, estas no son unas gradas, esto es un obstáculo, y ahí empezaba todo el mundo (haciendo alusión a que salían deportistas practicando). O sea uno ya no lo ve como un accesorio o equipamiento urbano de la comunidad, sino como un obstáculo. En una caja, ya no ves una basura, ya no es una caja, sino que vamos a saltarla, entonces ya lo tenemos como un obstáculo”.
Julio Solarte “Chiqui” es un practicante de Downhill de 34 años de edad, propietario de XC+DH BIKES, nos comenta sobre la ciudad vista con ojos de deportista “cuando vos estás en la ciudad tenés mas percepción de la parte arquitectónica, de los muros, de los andenes, de las zonas verdes, de todas estas cosas, porque uno como deportista está viendo, si estás haciendo calle por ejemplo, estás viendo como podrías afrontar un sector de pasto, de una zona verde, un muro, cosa que de pronto por la rutina de la gente pasa desapercibido, una persona que tenga que bajar todos los días por la arcada de la herrería no va a ver todo este tipo de andenes, el muro o el empedrado que es muy bonito”.
La ciudad está en constante evolución, Son las expresiones de cada miembro, de cada ciudadano, de cada persona que la componen. Los habitantes de una ciudad conviven en espacios cerrados y en otros abiertos y la convivencia es la vivencia de cada ciudadano con otros, en el espacio que posibilita la ciudad. La ciudad, por tanto, es el sueño, es la conducta, es la búsqueda, es el intento de hacer visible la existencia colectiva.
La ciudad es relación e interacción social, es el cotidiano replanteamiento de la relación de los seres humanos que viven en ella, en el mismo hábitat, con su naturaleza y su necesidad de reconocimiento de la dimensión individual que cada uno tiene, como componentes ineludibles de una propuesta, que trasciende el ámbito de lo público y da cabida a los procesos de existencia singular, de cada sujeto, que habita en la ciudad y es habitado por la ciudad .
Una lectura actual de Popayán exige reconocer que a pesar del surgimiento de nuevas formas de relacionamiento, se mantienen en el imaginario social las formas sacralizadas anteriores, produciendo un conflicto entre las viejas concepciones y las nuevas formas que se apropian de ella. Se encuentra un efecto de resistencia frente al advenimiento de la modernidad por parte de algunos de sus habitantes, que se manifiesta en la negativa de asumir la ciudad desde otros referentes.
La época actual constituye uno de esos momentos en que el pensamiento de los hombres está transformándose constantemente. Dos factores fundamentales constituyen la base de esta transformación. El primero es la transformación de las creencias religiosas, políticas y sociales, de donde derivan los elementos de nuestra civilización tal como se aprecia en las actuaciones dionisiacas de los deportistas extremos, que sin importar que se trate de un lugar considerado sagrado por muchos como las iglesias o público como parques igual llevan a cabo sus prácticas deportivas. El segundo, la creación de condiciones de existencia y de pensamiento enteramente nuevas, a consecuencia de los modernos descubrimientos de la ciencia y de la industria.
Con respecto al uso de sitios como la plazoleta de San Francisco Erney Rodríguez Santa opina que “Es un sacrilegio, las iglesias hay que respetarlas, son para rezar y orar, para pedirle a dios, para eso son las iglesias”. Así mismo el señor Víctor Valencia, jubilado y visitante frecuente de la plazoleta opina sobre el uso que le dan los deportistas extremos a la plazoleta de san francisco: “Yo creo que mientras sea una cosa así, deportiva o artística no habría problema, lo que pasa es que se combina una cosa con otra, esa combinación resulta mala”.
Según el mencionado señor, se combinan los usos “esto pueda que sirva, que tenga las condiciones físicas para hacer patinaje, para andar en cicla, pero lo que pasa es que cada cosa tiene su uso, ¿si? Usted no va a rezar al estadio, ¿cierto? Ni al coliseo, ¿no? Y en la misma forma usted digamos las cuestiones deportivas deben hacerlas en el campo preciso para eso, pero no aquí, porque…no es que sea pecado ni nada, sino es que, es cuestión digamos como de gusto, porque esta es una plaza bonita hecha para uno, pero entonces ya si la usan para eso ya comienzan a restarle merito, eso sin Hablar pues del respeto que se merecen la iglesia y las creencias religiosas y las creencias de la gente, y las tradiciones, todo eso. Yo me refiero simplemente lo que he dicho, que cada cosa en lugar.”
Hace unos años hacer un uso como el que se hace actualmente de espacios de la iglesia católica como espacio de rumba, prácticas de capoeira, flatland, entre otros (parque de san francisco, conocido también como la noventa y cuarta) o para prácticas deportivas habría sido considerado toda una profanación, y más en una ciudad con una tradición católica como Popayán.
Sobre las criticas que recibe el deporte extremo preguntamos a Julio Solarte si había recibido alguna, “Si, no tanto por la imprudencia del deportista, sino por el desconocimiento de la gente de cómo es la práctica del deporte. Uno no hace las cosas para fastidiar a la gente ni para molestar ni para ser grosero pero a veces la gente lo toma así de esa forma por la misma agresividad de la actividad, agresividad en el sentido de que es arriesgado, de que es propenso a un golpe, algo así”.
La ciudad con su hábitat está cruzada por una profusión de signos, de lenguajes, de sonidos, de ruidos, que se entrecruzan de manera arbitraria y que generalmente no dejan ver toda la vida que se agita en sus entrañas y la riqueza en la producción de singularidades que allí pueden darse. Hoy más que nunca, la ciudad dispone de incontables posibilidades de interacción con el entorno. De una u otra forma, Popayán contiene en sí misma y está encontrando elementos importantes para un desarrollo integral y tiene cada vez mas ciudadanos invisibles contenidos en ella.
Estas manifestaciones de las diferentes singularidades crean un conflicto entre quienes son usuarios de los espacios públicos, provocan un choque de épocas y de perspectivas, generan un constante enfrentamiento entre quienes consideran estas practicas como un sacrilegio, como algo equivocado, como una payasada y quienes ven en estas prácticas una nueva forma de concepción del mobiliario, quienes utilizan creativamente un espacio que fue concebido con otra finalidad y que encierra todo un ritual.